Desde el comienzo de la lectura me resulto fácil tomar una posición escéptica respeto a su postura, sostenida de entrada desde el título del ensayo. El problema sobre el contenido parece haber sido un problema muy trabajado en la academia norteamericana y muy adoptada y celebrada sus objeciones. Por ejemplo, Marshal McLuhan desde los años sesenta sostenía la intrascendencia del contenido del mensaje en los naciente medios de comunicación masivos primando la forma o el medio. Esta apuesta o interés puro por las formas o los medios me parece que encierra un contenido que algunos, parece, no quieren atender. Un contenido omnipresente talvez político, económico, psicológico, esencialmente propagandístico.
La primera experiencia del arte fue su condición religiosa, espiritual, ritualistica, chamánica. Hoy en día el arte si acaso tiene esa condición se ha convertido su religión al dios del mercado, no la lluvia, ni la fertilidad, ni las cosechas. Pero esa perdida de condición mágica no tiene que ver con el excesivo interés por descubrir sus significados, es decir por su interpretación o por su crítica. Por ejemplo los sueños desde tiempos antiguos fueron un ejercicio tanto político como espiritual de interpretación. La perdida de una sensibilidad, sensualidad o espiritualidad del arte está en su condición moderna sujeta al mercado del arte, no al esfuerzo desesperado de los espectadores por interpretarlo en tiempos disparatados.
Ante tanto énfasis en los perjurios de la interpretación me pregunto a quién beneficia que no se intente tan siquiera interpretar, y si les molesta la interpretación por su posible escasa educación, hablamos de una visión de arte clasista, elitista, separada del mundo. ¿No es el intento de interpretación la causa misma de la molestia? ¿que hay que ocultar? La excusa, la aparente excesiva interpretación, mala o vulgar interpretación.
Al final del ensayo, Sontag parece reformular de manera más equilibrada sus planteamientos, pero no logra persuadirme realmente en ellos. Eso sí coincido con la necesidad de un análisis formal para lograr verdaderamente una interpretación más profunda de los productos culturales o artísticos, mediales o cinematográficos de este momento.
En lo que no coincido en su manía tanto de ella como de otros teóricos que hicieron fama en Estados Unidos de querer elevar a niveles míticos la formalidad del arte, obviando por completo el contenido.
Es una realidad lamentable que el contenido halla pasado a un segundo, tercer o cuarto plano para los procesos cognitivos de la gran mayoría de la población mundial. Vemos los resultados de ello, poblaciones que repiten y que se adjuntan a posturas políticas como las de Trump, que repiten fake news y que asisten a manifestaciones rosas, que se mueven acéfalamente por la formalidad de la estética y sus poderes atrayentes.